90 90 90 – Un éxito

Nos alegra decir que el estreno fue un éxito. La gente del público disfrutó, se rió y aplaudió en abundancia. Los actores y actrices, algunos hacían gala de su experiencia teatral, mientras otros sin embargo no habían actuado nunca: Todos lo hicieron muy bien.

Eran infinitos los nervios que teníamos, tanto el elenco, los técnicos; como yo. Pensábamos: ¿Y si esta canción no sale bien? ¿Y si no sale el audio a tiempo? ¿Y si se funde un foco? ¿Y si no sale bien?

Entre tanto, veías pasar a dos maquilladoras (actrices también) que rápidamente colocaban arrugas en la cara de dos viejecitas, mientras a otros tres les echaban la base para “no brillar” demasiado en escena. Un pesado director dando pautas de última hora, repasando entradas, salidas y últimas indicaciones: Alto, claro, que se entienda y con ritmo, disfrutad en escena, pasadlo bien.

Plis, plas: gente poniéndose la ropa “in extremis”, dando gala de esa presteza humana; visitas al baño de última hora, gente llenando botellines de agua fresca, recolococando la escena mientras se hacía la conjura: ¡Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda! ¡Todos a sus puestos! Emoción. La luz de sala se enciende, las puertas se abren, empieza a entrar el público… A un actor le faltan las zapatillas: No hay tiempo. Un tipo pesado recuerda que hay que apagar los teléfonos móviles. Y flash: Comienza la obra. “Los noventa: Esa gran década…”

Ese momento en el que sales a escena y, de pronto, los nervios desaparecen. No es más que ese preciso momento en el que alguien del público suelta su primera carcajada sincera. Entonces, y solo entonces, empiezas a lucir gala de disfrutar en una escena cómica. Funciona: lo que acabo de hacer gusta, y sirve para lo que se creó: Disfrutar. Le respondo a mi compañero, y funciona, le hago una mueca, y funciona. Me pongo un vestuario y funciona. Canto, y funciona.

EL TEATRO MOLA

Emoción cuando se abre el telón…

Las piezas encajan cada vez más, poco a poco, hasta que al final, la trama se resuelve, cantamos, ponemos el vídeo de conclusión, y los actores y actrices saludan, el público les lanza flores. Recogemos… Y otra vez vuelve el silencio, que día tras día, llena los teatros.

Y siendo esto hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, que tire lo más que fuera posible a la verdad, sin duda compondrá una tela de varios y hermosos lazos tejida, que después de acabada, tal perfección y hermosura muestre, que consiga el fin mejor que se pretende en los escritos, que es enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho.

Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

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